ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos Fernando Gil
A veces tengo la sensación de que no hay nada que hacer. Que no queda más remedio que aceptar las injusticias e intentar esquivarlas para que no le toquen a uno. Es lo que hace la mayoría, tratar de pasar desapercibido, y no quejarse hasta que le pisan el callo. Pues no me resigno. Creo que debemos dejar de considerarnos súbditos y darnos cuenta de que los políticos y los funcionarios no son nuestros señores feudales, sino nuestros servidores. Nosotros los hemos puesto allí y pagamos sus sueldos; por lo tanto, siempre que consideremos que no hacen bien su trabajo, podemos y debemos protestar. No sólo podemos esperar a las próximas elecciones y negarles nuestro voto a los que no nos han servido convenientemente, también tenemos el instrumento, más inmediato, de la reclamación. Así, y voy a referirme al tráfico, todos los días nos encontramos con que las zonas de velocidad limitada tienen su correspondiente señal que indica el punto donde comienza dicha limitación, pero en multitud de ocasiones, no existe la necesaria señal de fin de zona limitada. La consecuencia es muy clara: o continuas a 40 hasta que tengas la suerte de llegar a una limitación un poco mayor, o, si utilizas la lógica y decides que ya ha pasado el motivo de la limitación, te estás jugando una multa de miedo y perder gran parte de tus preciosos puntos.
En definitiva: te tienen cogido por los “güitos”. Y todo porqué ellos no han hecho las cosas bien. Lo que propongo es que, ya que hacen las leyes que quieren, y las hacen cumplir como quieren, que, al menos, les hagamos saber que no estamos conformes con determinadas cosas antes de que estas nos afecten. Quiero decir que sería un sanísimo ejercicio democrático inundar de reclamaciones los servicios de atención de la DGT, de los departamentos de tráfico de las comunidades que tengan transferida dicha competencia, de diputaciones, ayuntamientos, de la OCU y todas aquellas entidades que puedan tener alguna responsabilidad, explicando claramente la falta de señalización de que se trata, la carretera, el punto kilométrico y el sentido de marcha. Y hacerlo antes de ser víctimas de un radar puesto con mala fe... porque después ya no tiene remedio.
La reclamación es el único instrumento que tienen las instituciones para detectar el descontento. Si no protestamos, estarán convencidos de que somos muy felices con su gestión. ¿Es ese el mensaje que queremos mandarles?
Para dejar un comentario regístrate o accede si ya eres usuario.
Publicaciones online de MC Ediciones, S.A.MC Ediciones
© 2008 MC Ediciones, S.A. | Powered by Newcomlab